La vieja escuela, con pupitres antiguos, pizarras llenas de tiza, mapas que se enrollan y desenrollan según la lección… Esa vieja escuela todavía existe. Muchos de los elementos que la caracterizan han sido desplazados o sustituidos por otros más modernos, pero estas nuevas tecnologías ¿se usan?

Recientemente podíamos ver una noticia en El País donde se alertaba de como a las aulas han llegado ordenadores y pizarras digitales, pero nada más. Y esto no es algo nuevo, ya en 2010 aparecían noticias en este sentido. Esta dotación de recursos debe ir acompañada de formación y cambios en la metodología. Y esto vale también para quienes trabajamos en la educación no formal.

En primer lugar conocimiento de la herramienta, su uso, programas y utilidades por parte de los educadores o docentes. Si esto no existe, por muchos medios que tengamos es muy complicado sacarlos partido. Yo no voy a utilizar una herramienta en mi clase, en un taller o en una dinámica si no conozco su uso. Se debe realizar una formación seria entre quienes nos dedicamos a la educación para formar en estos aspectos, atendiendo a las necesidades de cada realidad y no con cursos standard iguales para todo el mundo.

En segundo lugar, motivación del profesor por la herramienta y por su tarea de educar. Conocer la utilidad de las TIC no siempre es suficiente. Es necesario una labor motivadora atendiendo a los avances que puede producir ésta en el aprendizaje y como facilitadora de la tarea docente. Aquí de nuevo estaríamos hablando de adaptarse a la realidad de cada educador, si ve potenciales avances en su tarea es mucho más probable que utilice la herramienta.

Otro aspecto importante es el cambio de metodología. El profesor debe abandonar, al menos en parte, las clases magistrales y tomar un papel de mediador en el proceso educativo. Será el alumnado quien tome el verdadero protagonismo en su aprendizaje a través de las TIC y, por tanto, tendrá un rol mucho más activo.

Foto de Isaleal