Por suerte, este trago ya lo pasé hace años, y es que es una decisión bastante complicada. Creo que este dilema lo hemos tenido muchos educadores y educadoras sociales cuando terminamos la carrera. Después de tres años en la universidad, ahora cuatro con los nuevos grados, y ya con tu titulación debajo del brazo te enfrentas a un futuro en el que no sabes que hacer.

Hablas con compañeros y compañeras, buscáis opciones, comparáis, debatís… Y al final cada uno sigue su historia. Hay quienes toman un nuevo camino juntos, otros lo hacen por su cuenta. Las posibilidades son variadas.

Una de esas opciones es la de buscar trabajo. Tal y como está la situación es difícil. Si a las precarias posibilidades del colectivo unimos la crisis y los recortes la cosa se complica. Has acabado la carrera y quieres trabajar de lo tuyo, recorres empresas y entidades de tu ciudad y de alrededores. Buscas en las ofertas de eduso, en bolsas de trabajo online y repartes curriculos por todos los sitios donde se te ocurre. La mayoría de ofertas piden expriencia o especializaciones.

Otra opción es la de seguir formándote. Esta decisión la puedes tomar desde el principio o tras la desesperación de no encontrar trabajo. Las posibilidades son múltiples: otra carrera, uno de los miles de master y postgrados que ofertan las universidades, alguno de los cursos presenciales u online, etc. Es una opción muy común que puedes hacer al terminar o después, pero es evidente que todos seguimos formándonos tras los años porque es algo necesario. Ahora que es época de comienzo de curso muchos somos los que nos proponemos tomar parte en alguna acción formativa.

Tanto para formarse como para trabajar, unos cuantos compañeros y compañeras de facultad, han tomado además la determinación de cambiar de ciudad, e incluso de región para movilizarse a otros lugares donde la oferta educativa y laboral es más amplia.

Imagen tomada de adigitaldreamer.com